martes, julio 20, 2004

Tengo un plan

La verdad es que tampoco estoy muy activo por este weblog en esta nueva etapa, pero... son cosas que pasan. Siempre hay algo que hacer. Un turno que escribir. Una web que diseñar. Un amigo al que matar. Tantas y tantas cosas.
 
Y de ahí viene lo del plan, porque... ¿qué hay más divertido en esta vida que hacer planes? Planear cosas, tomar decisiones sobre qué haremos, cómo lo haremos, y luego, la mayoría de veces, dejando a un lado esos planes tan meticulosamente trazados.
 
Porque los planes, como las fichas de los juegos de rol, están bien para diseñarlos, perder el tiempo soñando, pero cuando se han de usar, esa es otra historia.
 
Entonces interviene Murphy. Porque, seamos sinceros, siempre he hemos de dar la culpa a alguien de que los planes no salgan como están trazados. Uno nunca tiene la culpa. Cuando vemos a una chica nos vemos casados con ella, y ni nos fijamos en el tiarrón que le acompaña con su mano en el culo de ella. ¿Pero es culpa nuestra? Por supuesto que no, es culpa de ese cabrón que no nos respeta y se nos ha adelantado.
 
Un ejemplo, el lunes por la noche empecé a hacer planes para el martes, primero iba a levantarme pronto para ducharme, pasarme por el banco y cambiar la libreta, dado que han hecho nosequé los del banco y han cambiado la numeración de todas las libretas de ahorro, con lo que hay que cambiarla, o no poder usar tu cuenta corriente. Luego tenía que subir a la universidad e intentar imprimir un par de cosas. Obviamente esta parte del plan era la más delicada y la más susceptible de ser cambiada, los más habituales sabrán que mi opinión sobre las salas de ordenadores de la Universidad de las Islas Baleares es poco variada, muy variopinta y usando palabras autorizadas sólo para mayores de 18 años, y cojonuda no está entre ellas.
 
Después de pasarme por las salas quería irme a nadar a la piscina. Volver a casa, cocinar y comer, y quedar con el amigo Soriano para ir a dar una vuelta.
 
No me he levantado temprano. Es el problema de irte a dormir a las cinco o las seis de la mañana, que luego... en verano, con lo a gusto que estás en la cama pues no le ves el sentido a perder horas de sueño por una tontería como la capacidad de recargar tu tarjeta ciudadana con la que pagas el autobús todos los días.
 
Así que cambio de planes, como las salas sólo abren hasta el mediodía he pasado de darme prisa, he leído el correo, preparado la maleta, metido material de lectura para cuando bajara en el autobús (que es media hora) y, finalmente, subido a la universidad para ir a nadar.
 
Mientras hacia eso elucubraba nuevos planes alternativos, dependiendo de la hora a la que acabase podía darme un salto y visitar a un profesor que me había encargado el diseño de una web, para ver que opinaba. Pero era una posibilidad lejana.
 
Para variar, y no sé como lo hago, me ha tocado en el autobús el conductor simpático de siempre. Que cuando acabo la piscina por cuestiones de horario es el mismo con el que bajo de la universidad y mantenemos charlas animadas sobre cualquier cosa.
 
El caso es que he acabado en la piscina con el tiempo justo de ir a visitar al profesor, más que con el tiempo justo con el tiempo pasado, pero bueno, al fin y al cabo, sólo es una caminata de diez minutos de la piscina al edificio en cuestión. Me he escapado del conductor y me he encontrado al profesor que estaba preparando unos apuntes para sus cuatro alumnos de un doctorado.
 
El diseño le ha parecido bien, bueno, en realidad le mandé por correo tres diseños distintos, y le ha gustado el que me imaginaba que le gustaría, y me ha comentado lo que me imaginaba que me comentaría, que el azul que he usado lo prefiere más oscuro.
 
Como siempre le he recordado que era daltónico y que ya le indiqué en el correo electrónico en cuestión que era para que cogiera una idea, que el color se puede cambiar sin problemas.
 
Una hora y pico de chachara y me ha bajado a Palma. Con lo que el material de lectura se ha quedado en la mochila. Pero no me ha dejado en mi casa. Tocaba caminata. Y hoy apretaba el sol. Llamada a mi hermano para preguntarle si tenía material para que le corrigiera, así le ahorraba un viaje dado que yo estaba por la zona, y de rebote conseguía el último número del Dolmen. Respuesta afirmativa. Y primero me paso por el supermercado para comprar unas cosas que me había pedido mi padre, unas chuches y una bebida para hidratarme.
 
Paso por el despacho de mi hermano, cojo Dolmen, cojo correcciones, y a mi casita, no sin antes encontrarme con dos amigos del desaparecido colaborador de este weblog, Toni.
 
Soriano, o Giordino, no me ha llamado, se habrá olvidado como suele hacer cuando no le interesa recordar algo. Pero eh, tranquilos, eso lo hacemos todos.
 
Ya en casa... sin tiempo para hacerme la comida, porque se me iría a cena, así que algo rápido y luego a corregir.
 
Un turno, un weblog, una cena, unas correcciones y se acabó el día.
 
Ahora por favor, comparad el plan inicial con el resultante.

 Me encanta que los planes salgan bien.


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